Ajuntament de Pina de Montalgrao

Historia del pueblo

      El pasado de Pina de Montalgrao se inicia gracias a los restos arqueológicos de la edad de bronce que se hallaron en la cueva Cerdaña así como a los fragmentos de objetos vinculados a rituales ibéricos. Pertenecientes a la época iberoromana, son varios vestigios encontrados en un extremo del altiplano de Barracas, cortado que recae sobre barranco de Valdurón también llamado Hurón y que se conoce como fortaleza de El Castellar. Este enclave debió vigilar el paso por el puerto del Ragudo.

     Las torres encontradas en la Hoya de Huguet pertenecen al periodo romano-republicano utilizándose hasta el periodo imperial en cuya zona se han encontrado fragmentos cerámicos conservados en el museo municipal de Segorbe. También nos consta la aparición de tres ases de Augusto de las cecas de Calahorra y Zaragoza, monedas que se hallaron en lugares indeterminados entre Pina y Barracas y restos de terra sigillata en Los Villares. En la  Masada de los Canónigos apareció una lápida de un asentamiento rural datable del siglo II después de J.C.

     Algunas referencias sobre Pina nos trasladan al año 589 después de J.C, momento en que Proculo, Obispo de Segorbe evangelizó a las nuevas gentes. Acto que se realizó en Jérica y en el que se recibieron a los pobladores asentados en El Toro, Pina, Montán y Villanueva antes de producirse la invasión árabe.

     De este periodo se conservan datos como el nombre que recibió la alquería, Pina de Jahya, una inscripción en la iglesia y un escudo municipal. También parecen existir datos del lugar cuando tras la reconquista de Teruel en 1.177 por Alfonso II, se incluye en sus Fueros el nombre de “monte de Alguaram” o “Algarau”, parecido a “Montalgrao”, aunque no confirmado, como parte de los límites de Teruel con los castillos de Arenós, Jérica, Bejís y Alpuente. Estas dudas jurisdiccionales las arregló el Jaime I tras la reconquista cristiana del reino valenciano y la creación en este de la Baronía de Xérica, a la que quedaría incluida la alquería de Pina, entregándole a esta Carta Puebla en 1255.

     En 1255 el rey otorgó el señorío que formaban el término de Jérica, El Toro, Pina, Viver, Caudiel, Barracas, Novaliches y Benafer a Doña Teresa Gil de Vidaure con intención de que lo heredaran años más tarde los hijos fruto de esta relación. Jaime de Jérica I mantuvo la posesión que se transmitió en la línea sucesoria de la casa de los Xérica hasta el fallecimiento de Juan Alfonso de Jérica, al cual también se le atribuyó la fundación de Pina en 1363.

     En 1372, Pedro IV “El Ceremonioso” donó la Baronía de Jérica, donde se incluía a Pina,  a su hijo el Infante Martín, constituyéndola como condado. Al asumir la corona el Rey Martín apodado “El Humano” la incorpora en 1405 al patrimonio real. Tras el fallecimiento de Don Martín sin descendientes, la villa de Jérica y toda su tenencia pasó a Fernando I de Antequera, heredando el señorío D. Alfonso V “El Magnánimo” que lo donó en feudo a su hermano D. Juan el 30 de enero de 1417. En 1431 Don Juan de Navarra realiza la venta a Francisco Zarzuela, justicia y tesorero de Aragón que retiene para sus sucesores. Ante los abusos de la dinastía de los Zarzuela parte de los habitantes de Pina y Barracas huyen en 1472 cansados de este dominio, aunque su poseedor dictó un mandato prohibiendo la evasión en un intento de evitar que los vecinos pudieran llevarse sus bienes.

     Los supuestos derechos de los herederos de los Zarzuela se enajenaron en 1518 al Conde de Aranda en una partida que incluía a Jérica, Pina, Viver, y El Toro. El conde vendió las poblaciones al duque de Calabria, Fernando de Aragón que murió en 1550 y en cuyo testamento legó Pina de Montalgrao a los monjes jerónimos de San Miguel de los Reyes. El desacuerdo de los habitantes de Pina al igual que los de Jérica y Barracas no cesó hasta que se obtuvo la sentencia del Sacro Supremo Regio Consejo de Aragón en 1564 en el cual se declaraban del patrimonio real. En 1707 y tras la abolición de los fueros, Felipe V ordenó una Real Célula donando al mariscal James Stuart Fitz, duque de Berwik por su participación en la batalla de Almansa, del ducado de Liria y Jérica donde quedaban incluidas las poblaciones de Pina, Barracas, Jérica e Higueras.

     Después de las mediciones del ingeniero José Moros en 1842, Barracas se segrega de los municipios de El Toro y Pina de Montalgrao, acotando un término nuevo que surgiría de la cesión de las poblaciones vecinas. El deslinde fue resuelto en 1845 pero el final del proceso no se resolvió hasta 1878 año en que entran en vigencia los acuerdos entre los ayuntamientos de las partes en litigio. Se tiene constancia que en 1884 los caminos hacia la población todavía eran abruptos aunque el municipio destacaba por la producción de madera, miel, plantaciones de viñedos, ganadería y grandes extensiones de mineral de hierro que no fueron suficientemente explotadas.

     Se tiene constancia de la visita del nobel de medicina Don Santiago Ramón y Cajal a la Cueva Cerdaña, situada en el término de Pina de Montalgrao de gran valor natural y espeológico. La irrupción de la guerra civil en 1936 significó la pérdida de innumerables documentos de alto valor patrimonial que fueron quemados o trasportados por el ferrocarril a las grandes capitales para la fabricación de papel.

     La riqueza forestal de Pina fue determinante en los difíciles años de postguerra cuya población se vio seriamente mermada por la emigración. El escaso regadío originó unas explotaciones agrícolas basadas en el secano y la ganadería fueron los principales recursos de sus habitantes. No es hasta el finales del siglo XX cuando la construcción empieza a despuntar y se organiza un movimiento importante de cooperativas para albergar el turismo rural. Las vías de acceso a la población fueron mejoradas y se inauguró un espacio multiusos y una piscina municipal, instalándose durante el 2007 los primeros generadores de energía eólica. Las ferias, el ecomuseo, la restauración del horno moruno y las actividades que se promueven por un nutrido sector de peñas y asociaciones hacen que la población sea reclamo del norte del Alto Palancia.

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